El proyecto plantea un edificio residencial de 16 viviendas organizado en dos portales con distintas alturas, adaptándose a las condiciones urbanísticas de la parcela y compartiendo un aparcamiento subterráneo común. Las viviendas, de dos y tres dormitorios, se distribuyen con una tipología pasante y orientación norte-sur, favoreciendo la ventilación cruzada, la iluminación natural y una distribución funcional de los espacios interiores.
La imagen del edificio se define mediante una fachada ventilada de piezas cerámicas de pequeño formato en tono beige, contrastada con carpinterías de suelo a techo en color gris grafito que refuerzan la verticalidad de la composición. Como elemento singular, los tendederos se resuelven con paneles perforados de aluminio compuesto inspirados en un motivo de bambú, aportando privacidad sin renunciar a la ventilación natural. El conjunto se completa con un zócalo de piedra gris que aporta solidez y diferencia visualmente la base del edificio.